Libertad es tocar la trompeta. Libertinaje es tocarla a las cinco de la mañana bajo tu balcón.

D. Antonio Zorelle. Insigne y emérito profesor.

No ha sido profesor mío, sino de Roberto, en Ourense, que es de boca de quien yo escuché esa frase que tanto me gustó. Queda anotada aquí para no volver a olvidarla.


Entre tarta y tarta de plátano con almendras he estado leyendo la colección de relatos cortos que, bajo el -muy sugerente- título de ‘Quisiera que alguien me esperara en algún lugar’ (Je voudrais que quelqu’un m’attende quelque part), catapultó hace pocos años al éxito a la joven -y muy muy guapa- escritora francesa Anna Gavalda.

Citando directamente la contraportada del libro: [...] Los doce relatos breves e incisivos de ‘Quisiera que alguien me esperara en algún lugar’ están protagonizados por un abanico de personajes que se enfrentan a diferentes tragedias cotidianas, que muestran los placeres y angustias que les condenan o les redimen. Cada narración pone al descubierto emociones humanas esenciales que cobran su mayor intensidad en momentos cruciales para el destino de sus protagonistas. [...].

La colección de relatos resulta en un panfletillo de lectura muy simple que se puede despachar sin problemas en un par de horas. Cada historia se narra con un tono fresco, íntimo y original que busca capturar los sentimientos de lo cotidiano y agitar las emociones del lector con giros inesperados. Para ello Gavalda utiliza un lenguaje incisivo, actual, con frases cortas y sin adornos, con un punto de ironía, posiblemente más cercano al lenguaje oral que al escrito. Mis relatos preferidos han sido ‘Durante años’ (que narra el inesperado reencuentro de su protagonista con un pasado sentimental que nunca ha conseguido olvidar del todo), ‘Este hombre y esta mujer’ (donde se plasma la soledad que se vive dentro de un coche en el que viajan dos personas que ya no se quieren) y ‘El suceso del día’ (que muestra como un accidente de tráfico en principio ajeno a los protagonistas de la historia cambiará sus vidas para siempre).

En definitiva, una libro bien sencillo de leer -mi copia queda a disposición de ustedes- para conocer a una de las escritoras de éxito actuales de nuestros vecinos de arriba. Yo ahora barajo ir a por una de las novelas de esta buena señora. O bien ‘Juntos, nada más’ (Ensemble, c’est tout, que incluso ha tenido secuela cinematográfica reciente), o bien, ‘La amaba’ (Je l’aimais), con muchas más posibilidades, tanto por dimensión como por la temática. ¿Ustedes ya han leído alguna de estas? ¿Algo que sugerir al respecto?


Desentrañados los secretos de los tiramisús en un segundo intento con una presentación algo más elaborada, mi ayudante anónimo y quien les escribe nos fuimos ayer al FNAC con el objetivo de rebuscar entre los libros de cocina allí disponibles para localizar y fotografiar clandestinamente alguna receta apetecible. Si bien, toda la maña que demostramos tener en la cocina nos falta en el tema espionaje, de forma que los resultados de nuestra investigación resultaron ilegibles. Habida cuenta del problema y de que el desembolso económico en los ingredientes para una tarta de plátano ya estaba realizado, el destino -aka Google- nos volvió a llevar al magnífico blog de La Cocina de Lechuza. Allí encontramos una receta más o menos equivalente y que ha resultado en una excelente relación exquisitez /esfuerzo.

Sobre la receta original hicimos mínimas variaciones en los ingredientes: 3 huevos, 125 gr. de azúcar, 1 sobre de levadura Royal, 3 plátanos maduros, 100 gr. de almendra en polvo, 100 gr. de harina, el zumo de un limón, 1/2 vaso de agua, un puñado de almendra triturada y mantequilla para el molde.

Para prepararla primero deben picar los plátanos y pasarlos por la batidora junto con el zumo del limón. Reserven el puré obtenido y a continuación batan a conciencia los huevos con el azúcar. Incorporen a la mezcla la almendra en polvo, la harina, la levadura y el agua, que deberán batir hasta obtener una mezcla homogénea. Añadan a la mezcla anterior el puré previamente reservado y continúen batiendo. Llegado a este punto solo resta que engrasen el molde, lo espolvoreen con harina, supriman la harina excedente y finalmente viertan en el molde la mezcla previamente elaborada. Antes de introducir al horno precalentado, cubran la superficie con las almendras trituradas y espolvoreen la superficie generosamente con azúcar -el azúcar caramelizado con las almendras ligeramente tostadas quedará exquisito-.

El resultado, con reminiscencias al pan de plátano, aunque mucho más suave y apetecible, tendrá un aspecto tal que el siguiente,

Y aunque no es oro todo lo que reluce a causa de la falta de práctica con mis nuevos moldes de silicona y las limitaciones impuestas por mi horno sin controles de temperatura -sí, solo ON/OFF xD-, nunca antes había sido devorado a tanta velocidad un postre de este tipo.

Otros temas: (1) 23 míseros Euros es el precio del acceso al concierto de Amaral del sábado 20 de septiembre en el Coliseum de A Coruña. ¿Alguien se apunta?; (2) Aunque parece no haber gustado mucho, sepan que el blog tiene nuevo diseño, basado en el que en su momento adapté ligeramente para mi buen amigo No a todo. ¡A mi me encanta! :D; y (3) He incorporado un par de nuevos canales RSS -aún es pruebas-: el de tonterías y el de películas.


¡Pero que cosa más fácil hacer una tiramisú! ¡Y oigan, que aparente y rico el resultado! Les cuento: durante la sobremesa, buscando alguna excusa con la que dar esquinazo al trabajo que últimamente a todos lados me persigue, me busqué un fotógrafo y pinche de cocina -cuya identidad mantendré en el anonimato por razones de seguridad- junto al que preparar la que sería mi/nuestra primera tiramisú, eso sí, previa entrevista telefónica con mi agente financiero para ultimar algunas cuestiones de implementación. A excepción de la presentación final, muy mejorable, ¡éxito total!

Si se animan a hacer la suya propia necesitarán 250 gr. de queso mascarpone (un tipo de queso fresco fácil de encontrar en el supermercado), 3 huevos, 1/2 vaso de azúcar, 200 ml. de nata líquida, un tazón de café sólo (i.e., agua caliente + un par de sobres de Nescafé), cacao en polvo y bizcochos de soletilla.


1. Preparen el café sólo e incorpórenle una buena cucharada de cacao en polvo. Mezclen y reserven.


2. Incorporen la mitad del azúcar a la nata líquida y móntenla, ya sea a mano o a máquina. Recuerden que para facilitar el proceso lo mejor es que tanto la nata como el recipiente para batirla -preferiblemente metálico- estén bien fríos. Reserven en la nevera.


3. Separen las claras de los huevos, ármense de paciencia y móntenlas a punto de nieve. Reserven en la nevera.


4. A golpe de batidora -preferiblemente- mezclen el queso marcaspone con las yemas de los huevos y el azúcar restante. Ya sin usar la batidora, incorporen la mezcla anterior y la nata montada -reserven una pequeña parte- al bol con las claras a punto de nieve. Mezclen lentamente y con movimientos envolventes hasta tener una crema esponjosa.


5. Cubran la base del molde con bizcochos empapados en la mezcla de café y cacao -sin pasarse, que se rompen muy fácilmente-. Incorporen una capa de crema, de nuevo una capa de bizcochos empapados y finalmente una capa con el resto de la crema. Espolvoreen generosamente la superficie con cacao en polvo -un colador y golpes secos en la mejor forma de hacerlo-.


6. La tiramisú ya está lista, pero necesita reposar en la nevera unas cuantas horas -idealmente un día entero-. Salgan a dar un paseo o simplemente amenicen la espera con juegos sexuales con el pinche de cocina. Este es el momento de usar la nata reservada en el paso (4).


7. Pasada la espera, y si la crema tenía la consistencia suficiente y si se utilizó un molde adecuado, pueden intentar desmoldar la tiramisú. Ya sólo resta comérsela para recuperar la energía perdida durante el paso anterior xD


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